La Hazaña de la Plata, 29 de abril 1971

La Hazaña de la Plata, 29 de abril 1971

El 29 de abril de 1971 algo cambió en el fútbol ecuatoriano. Y se logró algo que nunca se había hecho antes. El Barcelona campeón de 1970 jugaba las semifinales de la Copa Libertadores ante el entonces tricampeón del torneo, Estudiantes de La Plata al que ganó 1-0.

La prensa argentina señalaba que el partido estaba asegurado: los Pincharratas (como se les dice a los de Estudiantes) tenían a uno de los equipos más poderosos del continente en ese momento: Campeón de la Copa Intercontinental (1968), tres veces campeón de la Libertadores (1968, 1969, 1970) y una Copa Interamericana (1969) de la mano de uno de los mejores técnicos del fútbol argentino de todos los tiempos: Osvaldo Zubeldía.

Nadie se imaginaba la sorpresa que iba a ocurrir aquella noche en la que Barcelona llegaba con Alberto Spencer como máxima figura. El partido se desarrolló ante aproximadamente 30 000 hinchas del equipo argentino. Los locales, según los reportes de prensa de aquel año, saltaron a la cancha con el único objetivo de arrollar al rival y sacar los tres puntos para llegar a la final.

Los ecuatorianos se defendían con orden y tenían a Washington Muñoz, Spencer y al padre español Juan Manuel Bazurco como puntales del contragolpe para causar daño a la portería de Gabriel ‘Bambi’ Flores.

A los 18 minutos del segundo tiempo cayó el gol del cuadro ecuatoriano. Bazurco tomó la pelota en el área rival, luego de un pase de ‘Cabeza mágica’, disparó de derecha y venció la resistencia de Flores. Ese tanto ha sido uno de los goles más importantes del fútbol ecuatoriano y que sirvió para aumentar la idolatría del equipo amarillo.

Al día siguiente del encuentro, el diario Clarín de Buenos Aires publicó una nota que titulaba: ‘Dios (y Bazurco) con Barcelona’. Allí se destacó las virtudes del cuadro ecuatoriano y el orden de los jugadores, que demostraron estar a la altura del torneo continental.

Lo más destacable fue la historia del autor del gol. Se trataba de un cura vasco que llegó a Ecuador, específicamente a Quevedo, para predicar el Evangelio. En esa ciudad jugó fútbol y fue fichado por Liga de Portoviejo. Sus buenas actuaciones le hicieron merecedor de pasar a Barcelona, en donde jugó ocho partidos y anotó dos goles. Uno de ellos es el que quedó en la memoria de los hinchas toreros.

Al llegar al país, el presidente de la República, José María Velasco Ibarra, condecoró el estandarte de Barcelona y felicitó a la delegación por el logro alcanzado. Los jugadores ecuatorianos pasaron a la historia luego de ese partido, que se recuerda hasta los actuales días